Cuando ventilar nuestra casa.

Cómo y cuándo ventilar tu casa

El momento más adecuado del día y el tiempo que se debe dedicar a la ventilación dependen del tipo de clima local, el uso de la casa y la estación del año en que estemos.

  1. En invierno hay que ventilar en el momento más caliente, hacia el mediodía, o aprovecharnos del momento en que incida más el sol.
  2. En verano se ventila por la noche, lo que además sirve para refrescar al máximo la casa.
  3. Unos 10 minutos diarios bastan para renovar el aire de una estancia.
  4. Cuantas más personas viven en una casa, más tiempo y más veces se debe ventilar.
  5. Los dormitorios se airean después de levantarse. No es mala idea abrir las ventanas unos minutos antes de dormir, incluso en invierno.

Decimos que “el aire está cargado” cuando el ambiente de una determinada estancia está sobrecargado de este dióxido de carbono. Cuando ventilamos:

  • El aire se oxigena: se reduce la concentración de CO2, el gas que espiramos y que ya no nos sirve.
  • Se regula la humedad: a veces es deseable aumentarla porque el aire está muy seco, lo que perjudica nuestras mucosas respiratorias. Otras veces hay que disminuirla para que no haya condensaciones.
  • Se reduce el polvo: las partículas en suspensión y los malos olores son arrastrados por la corriente de aire que se crea al ventilar.
  • Permitimos que el sol actúe: los rayos calientan y “desinfectan” en cierto modo las estancias ya que los rayos ultravioleta actúan contra algunos microorganismos.

Si no hay una correcta ventilación

En el caso de que no abramos las ventanas o no ventilemos correctamente las estancias de nuestro hogar, podemos encontrarnos con distintos aspectos negativos para nuestra salud:

  • Prolifera el moho como consecuencia del exceso de humedad. Cuando notamos su olor ya estamos respirando esporas nocivas.
  • Aumentan los gases tóxicos que son liberados por los objetos encolados (muebles, alfombras, objetos de plástico, etc.), los productos de limpieza o que forman parte de los humos de la cocina. En un espacio cerrado, la densidad de partículas y gases es mayor que en el exterior.
  • Se multiplica el riesgo de alergias y de que las vías respiratorias se irriten. También se favorece la aparición de todo tipo de infecciones.
  • Se concentran los gases contaminantes. Calderas, calentadores, estufas (de gas o de parafina) y chimeneas emiten este tipo de gases. Estas emisiones se eliminan haciendo que los aparatos expulsen los gases hacia el exterior. En las intoxicaciones leves los síntomas se parecen bastante a los que se dan en una gripe: fatiga, dolor de cabeza, mareo, náuseas, vómitos, falta de concentración e incluso alteraciones del ritmo cardiaco.