Calidad de ventilación de la vivienda.

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La calidad de una vivienda se ve directamente relacionada con los criterios emitidos por sus ocupantes, en cuanto a confort térmico, acústico, ambiental. Una correcta ventilación ha de satisfacer varias necesidades:

  • De cara a los ocupantes:
    La renovación del aire en los locales habitados es una necesidad fisiológica. La respiración de los ocupantes (hombres o animales) se traduce en un consumo de oxígeno y una expulsión de gas carbónico. Esta respiración produce a su vez una emisión de CO2 y vapor de agua en cantidades variables según su actividad. A esta producción de gases y vapor de agua, se le deben sumar las aportaciones relacionadas con las actividades propias a la vida dentro de una vivienda como preparación de comida, uso de baños, limpieza de suelo, uso de aerosoles… y aportaciones emitidas por los propios integrantes de la construcción como pintura, pegamento…
    Un nivel de humedad relativa mal controlado producirá una sensación de falta de confort. Por encima del 75% de humedad relativa, la transpiración no puede ser absorbida por el aire ambiente provocando una sensación de sudación facilitando además el desarrollo de gérmenes y microbios en paredes, muebles, textiles y el propio ambiente. Por debajo del 35%, el aire resulta demasiado seco, ocasionando irritaciones de las mucosas.
  • De cara al edificio:
    La producción de vapor de agua dentro de una vivienda es constante y elevada. Una mala ventilación se puede traducir en una renovación demasiado importante del aire interior de la vivienda teniendo los peores efectos en cuanto a ahorro energético y confort (sensación de corriente) o una ventilación insuficiente con riesgos de enrarecimiento del aire y un incremento progresivo de la tasa de humedad del aire. En este último caso, los riesgos más directos cara a la construcción son los de condensaciones en los puntos más fríos de la vivienda (puentes térmicos, paredes, muebles, textiles…).

Para garantizar un nivel de bienestar, la ventilación en viviendas ha de ser general y permanente por lo menos en la época del año durante la cual la temperatura exterior obligue a mantener las ventanas cerradas o durante todo el año en el caso de edificios sometidos a aislamiento acústico cara al exterior.

La admisión de aire ha de realizarse a nivel de las habitaciones principales o locales secos (comedor, sala de estar, dormitorios…), de forma natural a través de huecos exteriores o de forma mecánica mediante rejillas de impulsión alimentadas por una caja de ventilación conectada a una red de conductos.

La ventilación de una vivienda debe realizarse ofreciendo el máximo confort para los ocupantes limitando los riesgos de corrientes (principalmente en invierno). La incorrecta ubicación de una instalación puede tener las peores consecuencias respecto al confort de los ocupantes. Las molestias por corrientes de aire pueden deberse a:

  • Mala situación de las aberturas de admisión o extracción de aire.
  • Caudales de ventilación no controlados.
  • Mal dimensionado de las aberturas de admisión por exceso de superficie de paso de aire.
  • Aberturas de admisión de paso fijo sin elemento corrector de sobrepresiones en fachadas

debidas al viento.